Estocolmo+50: medio siglo después de la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano, las acciones concretas, territoriales y socioambientalmente contextualizadas son más urgentes que nunca

Estocolmo+50: medio siglo después de la Conferencia de Estocolmo sobre Medio Ambiente Humano, las acciones concretas, territoriales y socioambientalmente contextualizadas son más urgentes que nunca
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  • Por: Paloma Toranzos & Esteban Delgado, Área de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Chile.

El 02 y 03 de junio del presente año se celebró la Conferencia Internacional Estocolmo+50, una cumbre conmemorativa de los 50 años transcurridos desde la primera Conferencia sobre Medio Ambiente Humano de Estocolmo de 1972 y considerada una de las más importantes en la historia del multilateralismo ambiental a nivel mundial. Sin embargo, Estocolmo+50 no es sólo una conmemoración, es principalmente una oportunidad para reflexionar colectivamente, sobre la necesidad de implementar acciones globales y locales concretas y urgentes para enfrentar la triple crisis ambiental (climática, de pérdida de biodiversidad, y de contaminación), por la que hoy atraviesa nuestro planeta, y que también afecta a nuestro país.

Diálogo, inclusión, reconocimiento y acción. Estocolmo+50 ha concluido hace unos días atrás con un llamado de cientos de lideres y lideresas a nivel mundial, por un compromiso real para abordar de forma urgente los problemas ambientales mundiales, y una transición justa hacia economías sostenibles, que funcionen y beneficien a todas las personas. Un primer paso, necesario, aunque no suficiente, para lograr estos compromisos es reflexionar sobre las causas de estas crisis, sus manifestaciones y  sobre todo, las acciones más urgentes que podemos adoptar, en cada país, en cada territorio, para su solución. Pero esta reflexión debe ampliarse aún más y no sólo involucrar a   los actores o  ‘stakeholders’ habituales, necesita incluir las voces de aquellos/as que tradicionalmente no participan o son excluidos/as de estos procesos de diálogo (niños/as, jóvenes, adultos mayores, poblaciones rurales, comunidades locales, artistas, pobladores/as, etc.). Esta inclusión, además, no puede ser meramente nominal, sino que debe reconocer también la autoridad de estas voces, no solo para describir los problemas que los aquejan, sino también para plantear soluciones que sean apropiadas en términos socioculturales y territoriales.

En esta reflexión de acción territorial, o territorialmente contextualizada, el papel de los gobiernos locales es clave. Los gobiernos locales son esenciales en el diseño y aplicación de las estrategias que aborden estas crisis, tanto por su conocimiento de las realidades locales, su capacidad de convocatoria y su legitimidad local. Todo proceso de transición justa e inclusiva que busque alcanzar mejores indicadores de sustentabilidad y resiliencia global positiva, y equitativa, debe articular conocimientos, inteligencia, decisiones y esfuerzos multisituados, utilizando los instrumentos y capacidades de nivel central para generar espacios de diálogo, identificar y planificar colectivamente las mejores soluciones, y ejecutarlas potenciando las voluntades, las capacidades e iniciativas que estén socioterritorial y socioambientalmente contextualizadas, tanto a nivel subnacional o local.

Es momento de tomar en serio la necesidad de una transición justa hacia modelos de desarrollo más sustentables. Aunque la conferencia internacional Estocolmo+50 ha concluido, el proceso de diálogo que ella ha detonado aún se encuentra en marcha, y constituye una excelente oportunidad para avanzar y abrir espacios participativos que den mayor protagonismo a las voces de quienes tradicionalmente han sido menos escuchados en relación con las crisis ambientales actuales. El PNUD, promueve y apoya fuertemente las acciones locales ambientales y climáticas para lograr cambios globales.  En este contexto, sin duda las personas de cada territorio de nuestro país, y por cierto los gobiernos locales, pueden generar acciones muy concretas para construir una forma diferente de relación entre las personas y el planeta, y a partir de ello, revertir, mitigar y generar medidas de adaptación a los cambios e impactos ocasionados por las crisis actuales. Toda acción de prevención, conservación, mitigación, restauración y adaptación cuenta, y en su conjunto, pueden acelerar las  transformaciones estructurales necesarias para  que efectivamente podamos avanzar en un desarrollo humano sostenible, sin dejar a nadie atrás.

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