(OPINIÓN) La sostenibilidad como impulsor de desarrollo

(OPINIÓN) La sostenibilidad como impulsor de desarrollo
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Paloma Toranzos T., Jefa de Programa Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

La crisis sanitaria por el COVID-19 ha puesto en jaque al mundo tal como lo conocíamos hasta finales del año 2019. Sus efectos representan un antes y un después no solo por sus enormes, lamentables e irrecuperables impactos en vidas humanas o sus severos impactos en las economías mundiales, sino también porque nos ha forzado a reflexionar sobre las causas subyacentes de la crisis.

En este sentido, existe un creciente consenso en la comunidad nacional e internacional que el origen de la pandemia está estrechamente vinculada a los impactos negativos que la sociedad ha ocasionado sobre la naturaleza.  El 60% de todas las enfermedades infecciosas en humanos son de origen animal y están estrechamente vinculadas con la degradación ambiental. Esta degradación no es únicamente producto de los cambios del uso de la tierra generados por el crecimiento y la intensidad de las actividades humanas, sino que también por las actividades económicas basadas en un uso expansivo e intenso de recursos naturales, sin criterios de sostenibilidad, las que provocan fragmentación de hábitats, pérdida de biodiversidad, contaminación y el aumento de los gases de efecto invernadero, entre otros efectos.

Previo a la pandemia por COVID-19, Chile registraba de manera sostenida los indicadores de desarrollo humano más altos de América Latina, sin embargo y especialmente en relación a la dimensión ambiental del desarrollo, permanecían diversos desafíos para ir avanzando y generando las transformaciones estructurales necesarias para asegurar la sostenibilidad de su modelo: una alta dependencia de la explotación y exportación de materias primas, sobreexplotación de recursos naturales, el uso de fuentes energéticas no sustentables, conflictividad socioambiental y bajos niveles de gasto en protección y conservación ambiental, eran continuo objeto de debate, especialmente a partir del compromiso de Chile de liderar la COP25 y promover metas ambiciosas para disminuir los impactos del Cambio Climático y proteger y conservar la biodiversidad, entre otras acciones.

Hoy, a partir de los graves impactos causados por la pandemia a nivel mundial, es más evidente que nunca que sin sostenibilidad ambiental no habrá sostenibilidad socioeconómica ni seguridad sanitaria. En este sentido, la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible son claves en la búsqueda de una ruta que nos lleve aceleradamente hacia un modelo de desarrollo sostenible, que logre armonizar el crecimiento económico, la inclusión social y la protección del medio ambiente para el bienestar de las personas y las sociedades. En este tránsito, el papel de los gobiernos locales es crucial, pues es ellos son quienes mejor conocen las realidades, demandas, aspiraciones, cualidades y capacidades de cada una de sus comunidades y territorios.

A partir de esta convicción, celebramos los planteamientos e iniciativas de diversos actores, tanto en la esfera internacional como nacional para poner atención en estas materias e impulsar una transformación de nuestro modelo de desarrollo no sólo profunda sino urgente, tanto a nivel local como global.

Como PNUD, creemos que tenemos una real oportunidad, especialmente en la recuperación post COVID-19, de que Chile logre transitar con mayor celeridad hacia un desarrollo sostenible, inclusivo y equitativo a partir de diversas acciones que fomenten, entre otras, las soluciones basadas en la naturaleza, que garanticen el cuidado y acceso al agua, la seguridad alimentaria y la protección y conservación de la biodiversidad, la economía circular y la adaptación y mitigación al cambio climático. Estas acciones nos permitirán crear mayores empleos, beneficiar y aumentar la calidad de vida de las personas, sobretodo de aquellas que se encuentran en mayor grado de vulnerabilidad y pobreza.